Un francés que se enamoró del Orinoco y sus pueblos indígenas
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El Centro de la Diversidad Cultural a través de su sede en el estado Bolívar sirvió de escenario para rendirle un merecido homenaje a Henry Corradini, antropólogo y etnólogo calificado por el profesor Alfredo Inatti como “un guerrero de la dignificación”, quien llegó a Guayana hace más de 50 años para quedar embelesado por las bellezas naturales y humanas, y así dedicarse a estudiar con pasión a las comunidades indígenas que habitan en el sur del estado Bolívar.
“Su labor fue inmensa y tenaz para documentar fotográficamente la vida, las vivencias y las costumbres de los pueblos indígenas que lucharon incansablemente para salvar sus tradiciones y creencias contra los invasores españoles quienes con el poder imperial de la iglesia católica, los masacraron”, comentó Inatti durante la breve semblanza que hizo de un fotógrafo y artista plástico que con valentía ha venido denunciando todas las injusticias cometidas contra los pueblos indígenas que habitan en el Orinoco y sus afluentes.
También recuerda el antropólogo bolivarense, que Corradini, nacido en el puerto de Marsella, llegó a Venezuela en 1948, y cuatro años después se residenció en Guayana para iniciar el proceso de compenetrarse con una geografía desconocida hasta entonces para él. Unió estrechos lazos con nuestras comunidades, tanto autóctonas como criollas, con tanta pasión y estudio sistemático, que se hizo parte suya, hasta alcanzar niveles de excelencia en sus trabajos científicos. Estudió pueblos indígenas, sus idiomas, hábitos y costumbres, así como la depuración en la técnica y arte fotográfico y pictórico.
En una oportunidad, el humanista francés, quien desde hace más de 52 años comparte su vida con los angostureños, señaló que: “Ante la imposibilidad de detener el etnocidio que se desarrollaba ante mis ojos, opté por salvaguardar con fotografías, películas cinematográficas y grabaciones magnetofónicas lo que considero las últimas manifestaciones de las culturas autóctonas acosadas por las misiones y el avance incontrolado de la sociedad mecanizada”.
Durante sus expediciones, el franco-angostureño se encargó de explorar por tierra, agua y aire regiones, que para la época eran muy poco conocidas y aún siguen casi inexploradas. Entre ellas las comunidades indígenas que habitan por los ríos Caroní, Parguasa, Caura, Cuchivero, Erebato, Zariapo, Turbia, Guaniamo, Ventuari y otras ubicadas en los afluentes de la multicolor autopista acuática que se llama Orinoco.
El Encuentro Regional Guayana, organizado por el Centro de la Diversidad Cultural que preside Benito Irady, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, permite rendir tributo a patrimonios vivientes, portadores de saberes y cultores, quienes a través del tiempo se han encargado de transmitirlos a través de la diversidad cultural del Orinoco.
El rescate de la tradición de los Mapoyos
Simón Bastidas es un cacique Mapoyo, uno de los más destacados portadores de los valores de la resistencia indígena que sus ancestros libraron contra los invasores del imperio español. Además del cacique es el chamán en la comunidad de El Palomo, ubicada en el Municipio Autónomo Cedeño, al oeste del estado Bolívar. También su labor fue reconocida durante el evento realizado en el Centro de Diversidad Cultural de la vieja Angostura del Orinoco.

Manifestó que es defensor de la causa bolivariana. Aseguró que sus ancestros nacieron muchos años antes de que Caracas cobijara al niño que se convirtió en el Libertador Simón Bolívar. Orgulloso asegura que el Genio de América, cuando pasó librando batallas y recibiendo el apoyo del pueblo Mapoyo, le donó a la comunidad indígena una espada y una lanza. Por ser el cacique de la comunidad, Bastidas es el custodio de los valiosos regalos que les hizo Bolívar a sus ancestros. La espada y la lanza están resguardadas en un cofre de vidrio que fue ordenado elaborar desde el Palacio de Miraflores.
Como jefe y chamán de El Palomo, el anciano cacique se encarga además de enseñarle a las nuevas generaciones la sabiduría que le enseñaron sus padres y abuelos, con la idea de que la tradición no se pierda. Sus enseñanzas van desde enseñar el uso de las plantas medicinales y luchar para que el idioma Mapoyo no se pierda.
Con el apoyo de José Sacundino Reyes, maestro bilingüe, ha logrado que en la escuela de la comunidad más de 200 niñas y niños ya estén aprendiendo un idioma que estaba a punto de desaparecer. Reyes, también anciano y lleno de sabiduría, es el encargado de ofrecer a los estudiantes desde el preescolar hasta el sexto grado, el idioma Mapoyo que ahora podrá renacer para que las comunidades indígenas continúen hablando y escribiendo sus historias para lograr que tradiciones tan valiosas revivan y así convertirse en multiplicadores de los saberes y costumbres que se niegan a perder.
Es así como la memoria colectiva de los pueblos autóctonos renacerá para que las niñas lleven los nombres de las flores, pájaros, las estrellas, la luna, la brisa y todos lo hermoso que rodea su medio ambiente. Mientras los hombres retomarán nombres de animales como la dante, el tigre, las serpientes o las tortugas y de otras especies en la infinidad de la fauna acuática que habita en el Orinoco y su extensa cuenca.

