Venezuela en el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia

“Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la Palma Bendita en Venezuela”.

Localización geográfica.

Las actividades del programa se llevan a cabo en dos Parques Nacionales que son referentes geográficos indispensables para la manifestación, y en estrecha vinculación con algunas de las localidades aledañas. Por una parte, están los Palmeros de Chacao, quienes desarrollan su práctica en el Cerro Waraira Repano también conocido como El Ávila (10° 32′ 0″ N, 66° 52′ 0″ W), ubicado en el municipio Chacao del estado Miranda, en la ciudad de Caracas, capital del país.

Por otro lado, en la Isla de Margarita, del estado Nueva Esparta, ubicada en el Mar Caribe, a 472 kilómetros al noreste de Caracas, se encuentran los Palmeros Asuntinos, habitantes de La Asunción, capital estatal, localizada en el municipio Arismendi y los Palmeros de El Valle del Espíritu Santo, habitantes de la población homónima del municipio García. Ambas comunidades desarrollan sus actividades en el Cerro Copey (10° 59′ 00″ N, 63°53 ′00 ″ O).

Nombre de las comunidades

La vitalidad del programa se focaliza en 3 asociaciones de Palmeros, denominación otorgada a los portadores de la tradición. Estas organizaciones son: Asociación Ecológica Palmeros de Chacao, Asociación Civil Palmeros Asuntinos y Asociación de Palmeros Basílica Nuestra Señora del Valle, quienes han desarrollado iniciativas novedosas y efectivas para la salvaguardia de la tradición de la Palma Bendita (traducción inicial), así como para la conservación del ambiente. Estas asociaciones se encuentran integradas por devotos y feligreses de la tradición, quienes ejercen distintos roles a la hora de llevar a cabo la poda de la palma y su distribución dentro de sus comunidades para su posterior conversión en cruces, alusivas a Jesús de Nazareth.

En Venezuela existen otras comunidades que se dedican a la recolección de la palma en el contexto de la Semana Santa, que si bien no forman parte de este programa, comparten un legado cultural que es reconocido y valorado.

 Antecedentes, fundamentos y objetivos

Cada año, los palmeros cumplen una promesa heredada desde hace más de dos siglos, la cual comprende la búsqueda de la Palma Real (Ceroxylon Ceriferum) en determinadas montañas. Estas palmas, bendecidas en el contexto de la Semana Santa, son entregadas desde la  fe en diversas comunidades. No obstante, hace aproximadamente tres décadas, la tradición estaba a punto de desaparecer debido a que entre los palmeros no existían planes organizados de reforestación y las autoridades vinculadas a los parques nacionales, pensaban que estos grupos atentaban contra la integridad del ambiente.

La sociedad nacional, de forma generalizada, desconocía el amor profesado por los palmeros hacia la naturaleza. Así mismo, no todos los palmeros comprendían y/o aceptaban la importancia de integrar a los niños en la tradición. Inicialmente, ni las instituciones públicas o el sector privado, prestaban suficiente apoyo logístico a las actividades de los palmeros y, en consecuencia, disminuían los campamentos formativos para los niños y jóvenes.

Sobre lo anterior, los palmeros consideraron urgente modificar sus prácticas de extracción de la palma y comenzaron a podar la planta en lugar de cortarla. También se dieron cuenta de que anteriormente, no dedicaban suficiente atención a la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones y sociedad en general, señalando como prioritario un cambio de consciencia, sobre el vínculo ineludible entre historia, cultura y naturaleza.

Como resultado, se consolidó el Programa Biocultural con la creación de estrategias o medidas novedosas en las cuales, se organizan las cofradías de cargadores de imágenes religiosas y palmeros en asociaciones civiles con perfil cultural y ambientalista, sin fines de lucro ni tinte político. Se crearon proyectos educativos para niños y jóvenes sobre reforestación del ambiente, jornadas de siembra, talleres, oficios religiosos y actividades culturales con participación familiar y comunitaria.

Así mismo, se fortaleció la conexión con otras áreas de conocimiento para lograr implementar la práctica de la poda de la palma, mediante la capacitación ofrecida por botánicos e investigadores aliados. Tal apertura e interés de los palmeros en la investigación, ha permitido que actualmente sean reconocidos como “guardianes del bosque de palmas” por parte de instituciones estadales.

De igual manera, se han establecido alianzas para la ampliación de las iniciativas comunitarias con ONG’S, instituciones gubernamentales, escuelas municipales y zonas educativas. En Caracas, docentes locales y medios de comunicación se interesaron en mejorar la falta de información sobre la labor de los palmeros y junto a ellos idearon proyectos de difusión a través del contacto de estudiantes con la tradición de la Palma Bendita. Patrimonio cultural inmaterial y educación comenzaron a fusionarse, resultando en importantes contextos para el aprendizaje de una ética ambiental, salvaguardia de la tradición y valores de buena humanidad.

Los palmeros también reflexionaron sobre la necesidad de incorporar en su tradición a otras especies botánicas (Euterpe karsteniana, Elaeis oleifera, Phoenix dactylifera, Bactris guineensis y Coccotrinax barbadensis) como alternativas ecológicas, a fin de garantizar la bendición de las palmas y atender a las feligresías locales, sin afectar la población de la Palma Real en los Parques Nacionales.

Medidas de salvaguardia

Programa educacional Palmeritos. Nace en El Pedregal, Municipio Chacao. Va dirigido a niños, entre 6 y 12 años, provenientes de localidades urbanas. Es organizado por mujeres y hombres palmeros, concebidos como orientadores en la transmisión de la tradición y la conservación de la palma. Se enfoca en el contacto, simbología, misticismo y vocabulario asociado a la práctica y los métodos utilizados incluyen juegos, canciones, dinámicas sobre el amarre de las palmas, campamentos, así como proyección de videos y charlas sobre biodiversidad.

Programa formativo Peoneros de montaña. Se trata de la segunda fase en la transmisión de conocimientos y valores de la tradición. Está dirigido a jóvenes a partir de los 12 años, quienes son iniciados como palmeros y responsables de la protección  de los bosques ante los más pequeños. En este contexto es donde son inmersos en la ritualidad que implica cómo pedirle permiso a la palma para su manipulación y buen uso. Es labor común que los peoneros de montaña participen como voluntarios en la prevención de incendios forestales y tareas de siembra, espacios ideales para la acumulación de aprendizajes, destrezas y experiencias para su vida futura.

Cátedra ambiental. En el Valle de El Espíritu Santo, los palmeros idearon un método de enseñanza que ofrece, desde una manera divertida, aprender al aire libre, permitiendo a los niños llamados “palmeritos” o “semillas”, el contacto espontáneo con el Cerro Copey a la vez que se afianzan los valores religiosos que los caracterizarán como palmeros.

Proyecto de educación turística: La ruta de los palmeros, siguiendo el camino de Humboldt. Es un proyecto orientado a la sensibilización, educación y concienciación de   niños, jóvenes y docentes de educación básica de las escuelas municipales, estadales y universidades, mediante la valoración de las cuencas hidrográficas y el bosque nublado; el conocimiento de la cultura tradicional de los Palmeros de Chacao y el legado de Humboldt y Bompland, naturalistas alemanes estudiosos de la región a principios del siglo XIX.

Plan de manejo de viveros. Consta de jornadas pedagógicas de siembra dirigidas a niños y jóvenes de diversos municipios del país. Se realiza en viveros de los palmeros o en trayectos dentro de las montañas. Aprenden a plantar y experimentan el contacto con la naturaleza mientras escuchan y aprenden historias de la tradición de la Palma Bendita. Los palmeros que coordinan estas actividades se encargan de recolectar las semillas, mantener a los viveros y promover la integración de investigadores y docentes en los proyectos.

Programas de capacitación con aliados. Hace 35 años surgió la inquietud de algunos palmeros en conformar un banco de semillas que permitiría luego, aumentar la población de la Palma en el Jardín Botánico de Caracas, con el apoyo de investigadores y botánicos. Actualmente, guarda parques y botánicos han mejorado las prácticas de siembra y continúan ofreciendo capacitación en diversas comunidades.

Coordinación en lo regional, sub regional y/o internacional

Para el Programa Biocultural, las comunidades tienen un papel fundamental, pues aportan los distintos elementos que permiten la continuidad de la tradición. Con su participación, hacen posible la búsqueda y poda de la palma. Entre las diversas asociaciones de palmeros, se establecen relaciones destinadas a cumplir con el compromiso de hacer llegar cada “Domingo de Ramos”, la Palma Bendita a la feligresía venezolana, y de intercambiar las buenas prácticas de las que son garantes. Estas redes cuentan con más de 20 años, y gracias a su ímpetu organizativo, han generado una respuesta positiva en entes de diversa índole, los que año tras año, se ven llamados a apoyar no sólo las prácticas realizadas durante la Semana Santa, sino aquellas actividades que promueven anualmente.

Se coordinan esfuerzos con las Gobernaciones, Alcaldías, Concejos Municipales y Ministerios. Se resalta el papel que juega el Instituto Nacional de Parques (INPARQUES) como ente encargado de tramitar la incursión de los Palmeros a las montañas, y de estipular la cantidad de hojas de palma que podrán ser podadas para llevar a cabo la tradición.

Los cuerpos de seguridad, como Protección Civil, Bomberos (activos, jubilados y forestales) y Guardia Nacional Bolivariana, llevan a cabo diversas tareas: los dos primeros ofrecen capacitación útil para afrontar la dinámica en la montaña, además de asegurarse que los palmeros no sufran ningún daño, y el último se encarga del resguardo de los asistentes y del orden. Debido al interés de los miembros de las asociaciones de palmeros por disminuir el daño causado al entorno en épocas anteriores, instituciones, como los Jardines Botánicos han puesto a su disposición conocimientos que se traducen en proyectos formativos en cuanto al tratamiento de plantas y bosques.

El vínculo logrado con universidades nacionales a partir de áreas de especialización como las ciencias sociales y naturales, es muestra de este entusiasmo contagioso que lleva a estudiantes e investigadores a incluirse en las dinámicas de la tradición.

Los medios de comunicación contribuyen en la difusión de las actividades realizadas por los palmeros y han tenido un rol esencial en su rescate, logrando presentar ante el público, una imagen más justa de lo que son: salvaguardias de la tradición y conservadores del ambiente. El nexo con ONG´S como el Proyecto Cumbre, principal aliado con proyección internacional para el programa, ha extendido el alcance de éste a más de cien escuelas a nivel nacional. Por otra parte, el Instituto de Movilidad y la empresa nacional Teleférico de Caracas prestan apoyo en los traslados de palmeros que por alguna razón no pueden ascender a la montaña, caminando.

Algunos comercios privados han colaborado con la impresión de materiales sobre la caracterización de la tradición y sus actividades formativas, mientras que el movimiento Social denominado Red de Patrimonio y Diversidad Cultural, siempre brinda acompañamiento y promoción en el desarrollo del elemento.

Reflexión de los principios y objetivos de la Convención

Los palmeros se definen a sí mismos como: caminadores, descendientes de una tradición… desde hace seis generaciones”. Esta práctica constituye un patrimonio cultural inmaterial que fortalece el sentido de pertenencia de sus portadores. Se recrea bajo el precepto de la tradición católica vinculada a la Semana Mayor, como alegoría a la entrada de Jesús a Nazareth, revitalizada cada año, y que sólo es posible a partir de la bendición litúrgica de la palma extraída de las montañas vecinas.

En esta tradición se expresan lazos entre sus diversos practicantes, incluso con aquellos radicados en ciudades distantes, pero quienes en víspera de la celebración, regresan a sus localidades originarias, para cumplir con el ritual. El sentimiento que congrega a los palmeros trasciende de la noción de reunión, para convertirse el encuentro en un espacio de marcada significación simbólica. Los palmeros se autorreconocen “…como un conjunto, como un solo palmero”. La vitalidad del elemento se fundamenta en el trabajo en equipo y si bien, cada miembro del grupo tiene un rol específico, también es capaz de suplir cualquier necesidad que el conjunto tenga.

A través de la tradición y sus actividades formativas, se transfieren valores como el respeto por las personas y la naturaleza; elementos que hacen de esta manifestación una expresión acorde con los derechos humanos internacionales. En este sentido, nos encontramos ante otro principio afín con la Convención UNESCO 2003: la inclusión. Mujeres y hombres, de diversa condición social, política, económica, o con alguna discapacidad, infunden a niños y jóvenes, el amor por la tradición, en igualdad de condiciones y equiparación de oportunidades. Se deposita en la palma bendecida, el anhelo de fortificar el espíritu ante el cumplimiento de una promesa, que es considerada emblema de paz, salud, hermandad y esperanza.

Tras recibir la bendición eclesiástica, los palmeros ascienden a la montaña, momento conocido como “la subida”, pernoctan allí durante varias noches y realizan actividades como narraciones de historias y anécdotas, paradas en puntos específicos como alegoría al Viacrucis de Jesucristo, entonación de canciones, mantenimiento de caminerías, siembra y poda de la palma. El sentimiento de hermandad es evidenciado al momento de “la bajada” o descenso, cuando los palmeros son recibidos por sus familiares y comunidades, acompañándolos en procesión hasta la iglesia. La feligresía entonces, les elogia y entrega alimentos a modo de bienvenida y compensación por el esfuerzo realizado. En esta tradición se evita la mercantilización, pues las hojas de palma son entregadas a los fieles de forma gratuita.

Para los palmeros es común la participación en sus actividades, de personas de cualquier religión, e incluso de ateos. La única exigencia estriba en dar demostración de respeto por las creencias espirituales del grupo, cuidado de la palma y los bosques, así como un compromiso activo con la comunidad. Al ser una práctica que desdibuja linderos políticos, la tradición es clara expresión del diálogo intercultural. La manifestación como sus actividades de formación biocultural, fomentan el desarrollo sustentable a través de la enseñanza del amor hacia la tradición y la naturaleza.

Eficacia

La principal finalidad del Programa Biocultural radica en salvaguardar la tradición de la Palma Bendita en Venezuela. Sin embargo, años atrás, la vitalidad de la manifestación estaba en riesgo, ya que su recreación sólo estaba permitida a los jóvenes y adultos, lo cual, desfavorecía la transmisión intergeneracional. Fue entonces, cuando muchos de los portadores dieron un giro a sus políticas de actuación. Se planteó, de manera progresiva en cada una de las comunidades portadoras de la tradición, y según las particularidades locales, la implantación de actividades educativas que dirigidas a niños y jóvenes, contribuyesen a la salvaguardia de la manifestación, así como a la preservación y difusión de los valores éticos y ecológicos vinculados.

Desde su capacidad inspiradora, el Programa Biocultural ha hecho posible la integración voluntaria y activa de cientos de niños y jóvenes. Las actividades de formación desarrolladas se han visto materializadas en la disposición real y concreta de generaciones de relevo que puedan dar continuidad al legado cultural compartido. Las experiencias alcanzadas se han traducido, a su vez, en la consolidación de espacios donde el amor, el respeto, la identidad y el orgullo por la tradición se enlazan con un contacto guiado, pedagógico y responsable con la naturaleza.

En cada una de las comunidades portadoras, los viveros educativos en custodia de los Palmeros, juegan un rol esencial dentro de esta concepción de buena práctica, ya que están vinculados directamente con proyectos como huertos escolares y talleres pedagógicos, que han incorporado a sus tareas, la reproducción de la palma. En muchos casos, las plantas sembradas son trasladadas a las escuelas para enseñar a la población escolar el conocimiento y valoración por el ambiente y la tradición de la Palma Bendita.

Esta estrategia no sólo es favorable para los procesos educativos, sino que también ha internalizado en los portadores, un mayor grado de consciencia y responsabilidad con los procesos biológicos de reforestación de la planta; compromiso que trasciende de la Semana Santa y se extiende a todo el año.

Los participantes del programa reciben información sobre distintos tópicos. En este sentido, de comprobada eficacia ha sido el desarrollo de obras de teatro y presentaciones de marionetas, dirigidas a los niños, y que han tributado en procesos lúdicos-educativos a favor del aprendizaje sobre la historia de la tradición, las especies de plantas que son características del ambiente local e incluso sobre sus beneficios para la medicina tradicional.

Por otra parte, en el pasado, la viabilidad de la tradición también se mantenía en crisis permanente, ya que era recurrente el conflicto entre la práctica cultural y la extracción de la palma. Por muchos años, la planta era cortada de raíz, lo cual significaba un problema de conservación, ya que el ritmo acelerado de esta actividad, estaba acabando con la especie. Por esto, a partir de 1985, la creación de las Asociaciones de Palmeros, en articulación con las autoridades correspondientes y desde la sustentación legal necesaria,  fortaleció la práctica de la poda de la palma, en vez de su extracción completa.

Participation de las comunidades, grupos o individuos.

De forma similar a como se organizan los portadores en la práctica de la tradición, esto es en grupos y con responsabilidades definidas, la conducción de las actividades del Programa se delega a mujeres de la comunidad y/o a palmeros. Cada asociación de palmeros tiene dinámicas propias para su funcionamiento, coincidiendo en un núcleo coordinador, que a su vez designa a un portador responsable de la planificación y, a otros encargados de la articulación con alcaldías, gobernaciones locales y ONG´s.

A lo interno, el Programa congrega a maestros de tradición llamados Palmeros Mayores; mujeres y hombres palmeros encargados de la logística; niños, jóvenes y comunidad. Los Palmeros Mayores son aquellos portadores que por muchos años han participado en la tradición y que por razones de condición física no pueden subir a hacer la poda en la montaña o suben hasta ciertas cotas, sin embargo son actores protagonistas en las actividades formativas para los Palmeritos y en el manejo de los viveros pedagógicos. Su rol dentro del Programa es fundamental, por ser pilares en la transmisión oral de conocimientos. Junto a esta guía moral, se destaca la presencia simbólica de los Palmeros Difuntos, de gran importancia en el contexto cultural de los palmeros, poseen agencia en sus vidas y orientan el camino a seguir en la manifestación.

Si los Palmeros Mayores son el corazón del Programa, las mujeres y hombres que se encargan de la logística son su columna vertebral. A través de reuniones periódicas, comunicación con la comunidad y charlas entre palmeros del grupo coordinador, se definen las metas anuales del Programa. Si las actividades implican una gran movilidad de personas, por ejemplo, el traslado de hasta 300 niños hacia los parques nacionales, la organización se amplía, se suman los palmeros encargados de afinar acuerdos de cooperación e intervienen aliados como las madrinas o padrinos de la manifestación, quienes apoyan en la articulación interinstitucional.

Los Palmeritos, quienes suelen ser hijos de palmeros con experiencia en la tradición, participan en las diferentes actividades del Programa. Dentro de este, reciben un rol y responsabilidad de acuerdo a sus edades. Por ejemplo, en Chacao, “El Brote” se denomina a los niños de 6 años, como alegoría a su “nacimiento” en la tradición. Se es “Palmerito” a los 7 años; “Semillero” a los 8 años; “Guarda Palma” a los 9 años; “El Custodio” a los 10 años, quien es responsable de todo su grupo. Finalmente, a los 11 años, el niño se convierte en “Promesero” y futuro palmero. Los jóvenes iniciados en la tradición, se entrenan en la manera de caminar solos por el bosque y ser los próximos palmeros.

Otras personas de la comunidad participan en el desarrollo del Programa, por ejemplo, las familias se integran en los oficios religiosos, en la preparación de alimentos para campamentos, así como también afianzan en sus hogares los valores transmitidos a sus hijos por la tradición. En conclusión, se aprecia una simbiosis entre portadores directos y aliados que hacen posible la conceptualización, planificación e implementación del Programa.

Consentimiento previo, libre e informado

Desde octubre de 2017 los palmeros participaron con gran liderazgo y proactividad en un ciclo de talleres comunitarios para la construcción de un expediente de candidatura sobre el Programa. En sesiones continuas los portadores identificaron enérgicamente elementos esenciales de la manifestación y construyeron una definición propia del elemento, profundizando en los principales roles de palmeros y aliados en las iniciativas de salvaguardia.

En los primeros talleres los portadores conocieron los preceptos claves de la UNESCO y sus convenciones, se aproximaron a otras experiencias de salvaguardia y establecieron analogías con sus propias dinámicas culturales. En estos espacios de intercambio surgieron reflexiones, anécdotas, datos históricos y productos como mapas, donde plasmaron la cartografía simbólica de una tradición que se ha fortalecido en la transmisión intergeneracional de saberes. En otras sesiones de trabajo, los portadores identificaron dificultades pasadas en el desarrollo del elemento y disertaron sobre los obstáculos que, desde las acciones del Programa Biocultural, superaron en conjunto. Testimonios y muestras fotográficas de los portadores nos permitieron dilucidar con más claridad las estrategias innovadoras que utilizaron para superar el riesgo de este patrimonio cultural inmaterial y cómo convirtieron la situación en un contexto favorable.

Los Palmeros reflexionaron sobre las iniciativas que representan una Buenas Práctica dentro de la tradición de la Palma Bendita, identificando los planes y actividades realizadas que definen el Programa. Finalmente, los portadores escribieron en sus propias palabras dos manifiestos y firmaron los consentimientos previos, libres e informados para presentar la candidatura y compartir estas experiencias con otras comunidades portadoras.

Modelo regional, sub -regional y/o internacional

La recolección de la palma sin la conciencia ambiental y el respeto necesario, se puede convertir en un riesgo, que incluso puede traer como consecuencia, la prohibición de su extracción. Es por ello, que las políticas implementadas en el seno del Programa Biocultural, pueden ser de gran significación para otros lugares y comunidades, que deseen continuar o reactivar la tradición de la Palma Bendita sin que eso signifique una pérdida a nivel ecológico.

Los Palmeros de Chacao en alianza con especialistas de botánica han definido la estrategia adecuada que permite continuar llevando a cabo, la recolección de la palma sin agotar la población de la misma. Esta estrategia se condensó en el cambio de la tala por la poda. Posteriormente, estos conocimientos fueron llevados a las comunidades de Nueva Esparta, (La Asunción y El Valle), donde los palmeros comenzaron a implementarla. Con esto, los palmeros han desarrollado un proyecto de conservación de la especie, desde el cual, se encargan de dispersar las semillas, así como censar los individuos de la población existente. También cuentan con la presencia de viveros, en los cuales no sólo se conservan plantas de palma, sino otras especies de plantas autóctonas de los respectivos cerros donde se lleva a cabo la actividad, y que también demandan acciones a favor de su recuperación demográfica y ecológica.  

Por otra parte, el componente educativo del Programa es agente modélico para la salvaguardia de la tradición. Tanto los Palmeros de Chacao como los Palmeros de Nueva Esparta, trabajan con niños, niñas y jóvenes, en un intento de transmitir la tradición de la Palma Bendita, así como los valores intrínsecos a la misma. Los iniciados, desarrollan una conciencia ambiental, así como una valoración de los diferentes componentes míticos y rituales de la manifestación, que les permite, aprehender los conocimientos necesarios para su salvaguardia de cara al futuro.  

Las medidas e iniciativas tomadas dentro del Programa tienen un carácter innovador pero siempre están sujetas a las reglas y decisiones comunitarias de los portadores de la tradición. Este complejo de acciones educativas, en franca cooperación de los núcleos familiares y comunitarios, también resulta en un modelo que puede servir de ejemplo o referente, para otras localidades y comunidades portadoras que lleven a cabo la recolección de la Palma Bendita en el contexto de Semana Santa, o en general, para cualquier expresión del patrimonio cultural inmaterial, que vincule de manera tan estrecha, la tradición cultural y el ambiente. 

La voluntad de cooperar en la difusión de las mejores prácticas de salvaguardia

En los talleres de validación, los palmeros han expresado su deseo de transmitir la experiencia que han alcanzado en el desarrollo del Programa Biocultural, a fin de que pueda ser aplicado a otros contextos y fortalezca tradiciones culturales que estén atravesando por dificultades en la transmisión de conocimientos a sus generaciones de relevo o en aquellas que deseen dar continuidad a expresiones del PCI, cuyos ámbitos estén asociados a especies vegetales y/o florales en vulnerabilidad.

Los palmeros tienen la voluntad de participar en charlas sobre las estrategias que idearon para dar a conocer el significado de la tradición entre niños y jóvenes, mostrando a través sus anécdotas y testimonios, el contacto logrado entre estudiantes de diversas regiones del país y la tradición de la Palma Bendita.

Docentes, biólogos y periodistas aliados de los palmeros, están dispuestos a facilitar las herramientas que utilizaron para mejorar la falta de información que existía sobre los portadores y sus actividades, compartiendo las metodologías empleadas con los jóvenes.

Especialistas botánicos han elaborado investigaciones y publicaciones dirigidas al público general, así como para la comunidad científica especializada, que bien pueden contribuir a fortalecer no sólo la practica biocultural de los palmeros en Venezuela, sino que sus alcances se pueden ampliar a otras comunidades de palmeros que deseen iniciar proyectos de investigación sobre la biodiversidad de palmas presente en sus localidades.

Existen varias publicaciones, entre libros, revistas y folletos con entrevistas de niños, jóvenes, adultos y persona mayores, así como difuntos, que se han realizado con la participación central de los palmeros y cuya documentación ha permitido que esta oralidad se mantenga en el tiempo. Asimismo, se nota en estas publicaciones que las actividades del Programa se han traducido a varias generaciones formadas en la idea de que un buen palmero es un buen ciudadano y un buen ciudadano es buen palmero. Los palmeros están dispuestos a conversar sobre la manera en que han ideado estos materiales documentales,, a fin de motivar en otras comunidades portadores la inquietud por testimoniar sus propias dinámicas y plasmar de forma creativa, el valor de un legado cultural.

Susceptibilidad a una evaluación de los resultados.

En primera instancia, se cuenta como mecanismo de evaluación de los resultados de las actividades del Programa Biocultural, con el Observatorio de Buenas Prácticas. Este proyecto es impulsado por el Centro de la Diversidad Cultural, núcleo focal de la Convención UNESCO 2003 y adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Desde esta plataforma institucional, es posible comprobar si el Programa cumple con los parámetros de la Convención UNESCO 2003 en materia de salvaguardia y, especialmente, en lo que concierne a las actividades asociadas a la transmisión del Patrimonio Cultural Inmaterial dirigidas a los niños y jóvenes.

El Instituto del Patrimonio Cultural, organismo también adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, reconoce a los Palmeros de Chacao, los Palmeros Asuntinos y los Palmeros de El Valle del Espíritu Santo, como Bien de Interés Cultural de la Nación, y en esta medida, está en el deber de desarrollar un Plan de Salvaguardia, para la tradición de la Palma Bendita; en consenso con las comunidades portadoras. Esta planificación será un instrumento extraordinario para el monitoreo y evaluación de las acciones que el Programa Biocultural desarrolle en su condición de registro de buena práctica.

Desde una perspectiva ecológica, las actividades e iniciativas del programa son evaluadas actualmente por varios entes del Estado, así como por aliados pertenecientes al área académica e investigativa. En este sentido, se cuenta con la evaluación constante y permanente que realiza INPARQUES en el Parque Nacional Waraira Repano y en el Parque Nacional Cerro Copey, en busca de indicadores sobre la conservación óptima de la población de la palma, especialmente en el contexto de la Semana Santa.

Aunado a esto, se tiene que los propios palmeros tienen un control de la palma en la montaña, el cual llevan a cabo en alianza con profesionales botánicos e investigadores que analizan las parcelas y la población de palmas, y que son clasificadas en plántulas juveniles y palmas adultas. A esta dinámica, se suman las tareas de limpieza, cuidado de su crecimiento, conservación, y reforestación.

Otra forma de medir los resultados de los programas ejecutados es mediante la evaluación del desempeño de los viveros establecidos por los propios palmeros en sus respectivas comunidades. Además, se cuenta con la presencia de parcelas de seguimiento en la montaña, a través de un marcaje de las especies de palmas que se dan en los Parques nacionales Waraira Repano y El Copey, con fines comparativos y que resultan en indicadores de las especies reforestadas por portadores de la tradición de la Palma Bendita.

Modelo de los países en desarrollo

El vínculo existente entre los palmeros, las montañas, la Palma Real y sus variantes botánicas, tiene una connotación espiritual sagrada. La simbología derivada de los elementos que conforman el ambiente es transversal a muchas de las decisiones y quehaceres y, por tanto, permea en la tradición oral, el sistema de creencias y el ethos compartido por las comunidades portadoras. Desde esta noción, es comprensible el reconocimiento de las montañas como “aulas verdes” para la transmisión de la tradición de la Palma Bendita. En estos parajes, los niños y jóvenes aprenden sobre los valores de la manifestación, las formas de organización social vinculadas y la importancia del ambiente.

Desde estos espacios, los palmeros han contribuido con el desarrollo sostenible de sus localidades y la Región, al ser sus acciones una praxis armónica y consensuada entre cultura y naturaleza, acorde con los derechos humanos internacionales y la conservación del ambiente. A la fecha, el Programa Biocultural ha logrado la consolidación de personas y colectivos de palmeros, identificados a plenitud con su herencia cultural, principal garantía para la salvaguardia. Asimismo, estos actores se encuentran conscientes de sus responsabilidades y por tanto, están comprometidos y capacitados para el buen manejo de los recursos naturales.

Las actividades del Programa son organizadas y autosostenidas por los propios portadores. No obstante, en muchas oportunidades, también son respaldadas por instituciones y aliados ganados a lo largo del tiempo. Aunque la manifestación tiene en la oralidad su principal medio de transmisión intergeneracional, los cuadros de cooperación establecidos, incorporan estrategias y herramientas novedosas, como por ejemplo recursos impresos e informáticos que han permitido que los niños y jóvenes se integren a la práctica desde la experimentación y la vivencia en franca comunión con las nuevas tecnologías.

Montañismo; manejo de viveros; charlas sobre historia, cultura, biodiversidad, ahorro energético y talleres de fotografía, representan algunos de los métodos y temáticas utilizados para el reconocimiento y transmisión de la tradición. En esta dinámica de aprendizaje, resulta vital la convivencia entre los iniciados y consejos de los palmeros mayores. Nociones como el respeto, el compañerismo y la solidaridad son valores esenciales para la consecución de las metas propuestas en los países en desarrollo, y también son aprehendidos y puestos en práctica.

Los componentes del Programa son una experiencia que puede trascender del ámbito nacional. Actualmente, las buenas prácticas vinculadas a la tradición de la Palma Bendita pueden ser modelo para otras comunidades de Latinoamérica, adaptando la experiencia a contextos particulares. Tal iniciativa permitiría formar ciudadanos que, como agentes transformadores promuevan en sus localidades la salvaguardia de sus manifestaciones, a la par que contribuyan con la recuperación de especies en riesgo, el adecuado comportamiento en áreas naturales protegidas y el apoyo a programas nacionales e internacionales sobre derechos humanos y protección de la reserva de biósfera. Tal condición resulta vital en el interés de aportar soluciones a los problemas de contaminación, escasez de agua, incendios forestales y acumulación de desechos sólidos, entre otros, que afectan al planeta y, especialmente a los países del Hemisferio Sur.