Venezuela en la Lista de Salvaguarda Urgente del Patrimonio Cultural Inmaterial

LA TRADICIÓN ORAL MAPOYO Y SUS REFERENTES SIMBÓLICOS EN EL TERRITORIO ANCESTRAL

“La tradición oral mapoyo y sus referentes simbólicos en el territorio ancestral”, como elemento unitario, es un patrimonio inmaterial vivo que se estructura a partir de una serie de representaciones colectivas cimentadas en la historia local, y recreadas permanentemente en la memoria colectiva y el territorio ancestral.

Las  narrativas orales constituyen el principal vehículo de los símbolos que confieren significado al espacio y a las formas propias de relacionarse con la naturaleza. Este elemento comprende a su vez un cúmulo de conocimientos prácticos que se expresan en los calendarios productivos, la alimentación, la etnomedicina, las técnicas constructivas y los saberes ecológicos tradicionales.

De manera invariable, esta unidad se encuentra fundamentalmente vinculada al espacio simbólico y a la identificación de referentes geográficos que sustentan el autorreconocimiento, la identidad y el respeto hacia la naturaleza.

“La tradición oral mapoyo y sus referentes simbólicos en el territorio ancestral”, es una expresión vivaz de la conexión estrecha que este pueblo ha mantenido con su territorio, el cual no se limita a un espacio material proveedor de recursos vitales. Entre los mapoyo, las sabanas, los ríos, las lagunas y los cerros que integran su territorio ancestral son lugares impregnados de un alto valor simbólico, por sus complejos significados e instructivas metáforas que aluden a personajes míticos y eventos históricos locales. Este espacio simbólico constituye una historia viviente que, a través de cuentos, prácticas y memorias conecta a los individuos con su pasado y proyecta a las nuevas generaciones hacia el futuro colectivo deseable.

Desde la perspectiva mapoyo, este elemento fue legado por sus ancestros y desde entonces ha sido transmitida de manera ininterrumpida a las generaciones subsiguientes. Los lugares de memoria están referidos a más de treinta accidentes geográficos, con una identidad y rol un rol social propios, que representan un capítulo de la historia y mitología mapoyo. Un ejemplo ilustrativo  es el caso del Cerro Las Piñas. Los mapoyo cuentan que allí sucedió “El suicidio masivo”, un mito que narra las consecuencias que ocasiona la transgresión de las normas sociales durante la realización de un ritual. Otro ejemplo significativo son las narraciones que reconocen en los cerros Caripito y Perro Enrollado la morada de seres extramundanos y la figuración  de animales que existieron en un tiempo mítico. El espacio simbólico mapoyo también incluye una serie extensa de referencias narrativas a lugares ceremoniales antiguos y contemporáneos; algunos de ellos con uso ritual y funerario, como la Cueva del Cerro Las Piñas, El Corozo, Caripito, Cueva de Los Muertos, Cueva del Caño Ore y Cueva Piedra Mapoyo.

Otros sitos que componen el espacio simbólico mapoyo se entremezclan con episodios emblemáticos de la historia de la Independencia nacional; como la narración referida a “La batalla en el Cerro Castillito”, según la cual los mapoyo lucharon junto al ejército patriota por la libertad del país. Se dice que fue en el pueblito de Villacoa donde el Cacique Paulino Sandoval recibió la espada del Libertador Simón Bolívar y la daga de José Antonio Páez, además de la titularidad de las tierras ocupadas. Según recuerdan los portadores, Bolívar ofreció tres tipos de recompensas: dinero, convertirlos en mercaderes u otorgarles títulos oficiales de sus tierras. “Nuestros ancestros”, narran los mapoyo, “escogieron la tierra”.

El elemento se reproduce en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Mientras que las actividades económicas se rigen de acuerdo al calendario productivo de ciclos lunares, las narrativas orales y conocimientos etno-botánicos suelen protagonizar las reuniones hogareñas que congregan familiares y amigos, desplazamientos y recorridos por ciertos hitos espaciales y durante la realización de labores productivas habituales (siembra y cosecha, pesca, caza y recolección).

Desde muy temprana edad, y como parte de las pautas de crianza, los jóvenes acompañan a sus familiares en rutinas domésticas como los recorridos, la recolección, la cacería, la pesca, la siembra y la preparación de alimentos. La transmisión de estos saberes supone experiencias corporales y comunicaciones cara a cara.

El acceso y uso de este patrimonio es horizontal e igualitario, aunque existen roles específicos definidos en torno a la estructura social, particularmente, por las categorías de género y edad. Entre los mapoyo, los ancianos y ancianas son los principales portadores de estos conocimientos, al conservar los saberes mitológicos, así como las historias y los relatos sobre los espacios simbólicos. En cambio, las prácticas diarias constituyen un bagaje de destrezas y habilidades recreadas por todos los miembros de la comunidad, incluyendo ancianos, jóvenes y niños. Las mujeres son portadoras del conocimiento asociado a la agricultura y gastronomía, mientras el saber de la caza, pesca y recolección es mayormente de dominio masculino. También existen roles en el manejo de los conocimientos medicinales entre las mujeres (farmacopea popular) y los hombres (prácticas rituales curativas).

“La tradición oral mapoyo y sus referentes simbólicos en el territorio ancestral” es un elemento dinámico que posee múltiples funciones sociales y culturales. Esta expresión reafirma la memoria colectiva y transmite el conocimiento indispensable para la vida cotidiana, brindando a sus practicantes un sentido de pertenencia y continuidad. Asimismo, al enlazar de manera armónica la memoria con el espacio, estos conocimientos y prácticas promueven la cohesión social y la solidaridad, al tiempo que reafirman la consciencia e identidad étnica. Además, la transmisión de este legado intangible ha permitido a los mapoyo consolidar su identidad singular y establecer relaciones y diálogos pacíficos con otras comunidades indígenas y criollas. Los conocimientos tradicionales también evocan las formas de vida de sus antepasados, brindándoles a sus miembros un hilo conductor que describe su trayectoria histórica como pueblo indígena.

Finalmente, esta singular manera de percibir el territorio ancestral es un componente imprescindible para su reproducción biológica y cultural, puesto que a través del mismo los mapoyo han establecido y mantienen una relación armónica con un ecosistema caracterizado por su alta fragilidad, preservando su biodiversidad y valiéndose de los recursos forestales de manera respetuosa y sustentable. A través de esta simbiosis, los mapoyo han logrado perpetuarse a lo largo de los siglos, preservando su libertad, autonomía y vida.

Inscrito en 2014 (9.COM) en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia

http://www.unesco.org/culture/ich/es/USL/la-tradicion-oral-mapoyo-y-sus-...

http://www.diversidadcultural.gob.ve/venezuela-plural/coleccion-audiovis...

 

 

CANTOS DE TRABAJO DE LLANO COLOMBO-VENEZOLANOS

Los cantos de trabajo de llano son una práctica de comunicación vocal que surgió en la estrecha relación establecida por la sociedad humana con los ganados bovinos y equinos y del conocimiento adquirido, durante el proceso de construcción del paisaje socioproductivo de la región de los Llanos.

Consisten en tonadas que se ejecutan a capella, de forma individual, cuyas líneas melódicas se prolongan a voluntad del cantor, con escasa sujeción a ritmo o medida y que se estructuran sobre textos cuya forma básica (aunque no única) es la cuarteta octosilábica de asonancia en los versos pares.

 Los cantos se expresan en dos modalidades asociadas a actividades específicas: arreo y ordeño. Los cantos de arreo están destinados al manejo del rebaño en movimiento en las sabanas abiertas; a la voz humana puede sumársele el son de la guarura (Strombus gigas u otras especies de grandes caracoles) o de los cuernos (cachos) de reses. En los cantos de ordeño, ciertos enunciados apelativos junto al nombre de cada vaca conforman el entorno paratextual. Es frecuente que dicho nombre, que figura en el texto estrófico mismo, es reconocido tanto por ella como por la cría al momento del llamado.

Los cantos de trabajo de llano colombo-venezolanos se inscriben en el sistema de la ganadería tradicional llanera, práctica económica, social y cultural regida por códigos consuetudinarios propios, cuyo núcleo es la vaquería (conjunto de faenas que se ciñen a los ciclos del año climático y se orientan a la apropiación y distribución de la riqueza pecuaria). Este sistema, armónico con las condiciones ambientales y las dinámicas de la naturaleza, supone la realización de diversas tareas: la caballiciada o trabajo de bestias (preparación de los caballos como principal medio de trabajo), el pique y rodeo (recolección del ganado diseminado en vastas extensiones), su aparte (selección y distribución según los usos y entre los diferentes propietarios), la hierra y marcación de animales orejanos (formas de identificación), la castración, la escogencia de vacas paridas para el ordeño y de animales no aptos para la cría. Este ciclo productivo remata con la devolución del ganado restante a la vida libre en las sabanas hasta la próxima vaquería.

 En conjunto, estas actividades constituyen lo que se denomina trabajo de llano y el arreo y el ordeño, sobresalen por el significativo hecho de haber dado origen a manifestaciones vocales que acompañan el esfuerzo de trabajo y son imprescindibles para su eficiente cumplimiento (cantos de arreo, cantos de ordeño, llamadas, silbidos, gritos y japeos).

Destacan dos cualidades relacionadas con el contexto cultural en que se producen estos cantos de trabajo de llano; la primera, es la amplitud del vocabulario y la expresiva fraseología que configuran, dentro de la modalidad dialectal del español llanero, un auténtico tecnolecto apto para expresar con precisión las diferentes operaciones que exige el trabajo de llano. Este vocabulario se refleja en los cantos que lo acompañan, como lo muestraesta copla de arreo:

 Ajila, ajila novillo / por la huella ‘el cabrestero / que te llevan para el Centro / lejos de tus comederos.

 Y esta copla de ordeño:  Pato Real, Pato Real… / Soltame dentro ‘el chiquero / a la vaca Pato Real / mansita de rejo suelto / aquí la vengo a ordeñar… / Pato Real, póngase la vieja Pato Real.

 Una segunda cualidad es la vocación integradora de la cultura llanera en cuyo seno se imbrican y cohesionan las diferentes esferas de la actividad humana; en ella trabajo y ocio, esfuerzo y descanso, obligación y diversión difuminan sus fronteras, dando lugar a amplias superposiciones que hacen que una determinada tarea productiva pueda ser ejecutada con espíritu lúdico. Es el caso, por ejemplo, de las faenas a campo abierto, en plena sabana, en las que perseguir una res brava y capturarla puede ser motivo de diversión y oportunidad de exhibición de destreza, y a la cual se asocia el canto de arreo. Este también es el caso de una típica faena de corral como el ordeño, en la cual el canto sirve, sin contradicción alguna, a propósitos expresivos del cantador, a cimentar la relación entre humano y animal, y al efecto práctico de facilitar la extracción de la leche y aumentar su producción.

 Los cantos de trabajo de llano, aprendidos desde la infancia e inspirados en la cotidianidad, a medida que se adquieren los conocimientos de las prácticas pecuarias tradicionales, sirven para acostumbrar el ganado a la presencia humana, facilitar su manejo en las diferentes operaciones de que es objeto e incluso para domesticarlo (amansarlo) cuando, como ocurre en el ordeño, el trato entre animal y humano es constante y estrecho.

La actividad específica en la que se producen los cantos de arreo es la conducción pedestre del ganado desde los lugares de crianza a los de comercialización. Se le canta al rebaño con el objeto de que se ajile (se ponga en fila), se apacigüe y avance por las sabanas abiertas, en las que la ancestral costumbre del arreo ha abierto caminos que trazan verdaderas rutas ganaderas. Encabeza la marcha el cabrestero, le siguen los vaqueros, llamados, según la posición que ocupan con relación al rebaño, punteros, traspunteros o culateros, todos ellos dirigidos por un caporal; el manejo del grupo de reses es a veces auxiliado por uno o varios bueyes o novillos madrineros.

 Cuando solo existían caminos sabaneros para el desplazamiento a caballo o a pie, sin vislumbrarse la construcción de carreteras para vehículos de motor, la longitud de los trayectos variaba según las regiones. No era raro que los hubiera de varios centenares de kilómetros, y los viajes, verdaderas expediciones que podían requerir una logística relativamente compleja, solían prolongarse por semanas a través de extensas llanuras que conectaban los territorios de Colombia y Venezuela. Las principales rutas eran aquellas de la montaña de San Camilo (Venezuela) y el camino real de Arauca a Villavicencio (Colombia).

 Durante las marchas, en ciertas noches era necesario velar con cantos la manada, especialmente si el lugar de encierro no ofrecía suficiente seguridad para evitar estampidas (barajustes). En las largas jornadas los cantos de arreo relataban las incidencias del viaje y se hacían eco de lo que ocurría en hatos, vecindarios, fiestas y mercados, jugando así un importantísimo rol de cohesión comunicativa.

 Aún en la actualidad, la actividad de ordeño iniciada al alba, es cotidiana y doméstica e intervienen hombres, mujeres y niños; se acompaña del canto de ordeño en forma de coplas, con frecuencia de alto vuelo lírico, tanto espontáneas y ocasionales como heredadas de la tradición de versificación popular.

Los cantos de trabajo de llano, en sus dimensiones prácticas y festivas reflejan vívidamente el mundo natural según se configura en las representaciones de la cultura, y resaltan aspectos del carácter y la identidad regional. Abarcan diversidad de temas entre lo puramente descriptivo y narrativo hasta grados elevados de tensión lírica, pasando por lo picaresco y lo afectivo, lo lúdico y lo elegíaco, la visión íntima del hogar y la exteriorización efusiva de los sentimientos que produce la sabana. Denotan así la expresión de una gran creatividad que combina, no pocas veces, el impulso espontáneo e improvisador con el oportuno aprovechamiento de la tradición poética hispánica, larga y entrañablemente aclimatada en el Llano.

 Transmitidos desde la tradición oral, estos cantos son depositarios de historias individuales y colectivas de los llaneros; sintetizan las trayectorias de gente común, las minucias de su vida cotidiana, su raigal vinculación al medio biofísico, al escenario de las amplias sabanas y al sentido de aprovechamiento de sus recursos para desarrollar esa particular forma de sociedad pastoril, y asegurar, al filo de los siglos, la continuidad de su modo de vida vinculada a la ganadería llanera, al profundo conocimiento del medio natural y al respeto de su entorno y equilibrios.

 Estos cantos, si bien indisociables de los imperativos de la subsistencia, permiten trascender la mirada humana de la naturaleza desde una dimensión utilitaria y económica, a otra enriquecida en componentes cognitivos, estéticos y espirituales siempre presentes en la representación cultural de lo real. En particular, los cantos le otorgan al actor humano un lugar en el conjunto armónico de los seres animados e inanimados y de los procesos y comportamientos que constituyen la totalidad de la naturaleza.

 A su vez, los cantos de trabajo de llano testimonian el devenir histórico de sus territorios, bajo el impacto de los cambios sobrevenidos con la modernidad y sus formas menos benévolas: el desarrollismo, la centralización, la hiperplanificación, etc.

Por último, condensan la voluntad de una población por perpetuar conocimientos y memorias que dotan de significado a su forma de vida; que dan continuidad y sentido a un pasado que se esfuerza por inscribirse en los nuevos tiempos sin renunciar a sus señas de identidad esenciales, a la eficacia de sus formas de representación de la realidad, a las prácticas en que se armonizan y se solicitan recíprocamente producción y vida, a lo largo de un tiempo de difíciles adaptaciones, de resistencia al asimilacionismo compulsivo, y de afirmación del derecho cultural propio en un marco dinámico de interculturalidad creciente.

Inscrito en 2017 (12.COM) en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia

https://ich.unesco.org/es/USL/cantos-de-trabajo-de-los-llanos-de-colombi...

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